72. Cañón del Colca Trekking

Cabanaconde – San Juan de Chuccho – Cosñirhua – Malata – Sangalle

14 de diciembre

A las 6 en pie para hacer maletas, desayunar e iniciar nuestro treking de dos días por el Cañón del Colca. También aprovechamos para comprar un gorrito para el sol.

A las 8.30 nos poníamos en marcha. Andamos unos 30 minutos hasta el Mirador de San Miguel, donde normalmente, la gente que viene con los tours desde Arequipa, empieza el trekking.

Una vez allí, te hacen enseñar la entrada (que nosotros no teníamos) porque no sabíamos que se tenía que comprar en el centro del pueblo. Vale 70 soles por persona si eres extranjero y 40 si eres latinoamericano. Aún así, tuvimos suerte porque la mujer nos dijo que para no volver atrás y perder mucho tiempo, podríamos pagar al día siguiente. ¡Qué maja la mujer!

Empezamos y las vistas impresionantes… Se veía el recorrido a realizar y intentábamos deducir dónde iríamos, aunque algunos pueblos no se veían.

Al principio todo era bajada hasta llegar al río, es decir, bajar de Cabanaconde, que se encuentra a 3.368 metros a ver el río Colca. Hicimos esa parte del camino en una hora, muy rápido según Gloria, una mujer que tiene una posada allí.

Ella nos enseñó un atajo para ir directamente a San Juan de Chuccho, cuyo camino es ascendiente. Realmente el pueblo son unas cuantas casas pero tiene su encanto personal. Nos colamos en el jardín de una para preguntar si íbamos bien pero no tuvimos respuesta.

Pasamos por un camino que, según Mapsme, no era el principal pero llegamos a Cosñirhua igual. Ese pueblo también era muy chiquito pero la gente está acostumbrada a moverse por los pueblos de al lado.

A Malata comimos en el hospedaje Margarita, con la cual estuvimos una hora o así hablando y nos contó que solo hay buses que van a Arequipa los lunes y jueves y que antes, cuando era joven, tenían que hacer el mismo trayecto que haríamos nosotros por placer, para ir a comprar subministros. Increíble, ¿verdad? Dice que por esa zona, los que hacen los tours no pasan pero acoge los trabajadores de ese pueblo que llevan aproximadamente unos 5 años allí y ya es como su casa.

Seguimos con el camino y bajamos hasta el Oasis de Sangalle. Para alojarte allí no hace falta que reserves con antelación sinó directamente. Hay distintas cabañas y nosotros dormimos en una. No había internet porque la connexión es muy mala.

Justo antes de decidir dónde quedarnos, conocimos a Manuel, que iba con su amiga francesa y el perrito que el día antes nos persiguió hasta el hotel. El perro había recorrido el mismo camino que nosotros.

Llegamos al oasis a las 15:45, dos horas antes de lo que nos habían dicho así que tuvimos tiempo para descansar y conocer a gente.

Conocimos un chico inglés, a Manuel, Pauline (la francesa)… Aunque se hospedaban unos israelitas, francesas…

Cenamos un menú único todos juntos y nos fuimos rápido a descansar para el día siguiente.

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