229. Dambulla – Pidurangala

21 de mayo de 2022.

Nuestras primeras intenciones de hoy eran visitar Sigiriya, un palacio y fortaleza situados encima de una roca gigantesca (llamada piedra del león). Fue construido por el rey Kasyapa durante el siglo V d.C.

Sus entradas valen 30 dólares por persona.

Hablando con la chica alemana que ya fue allí (y también el chico eslovaco de Negombo), nos dijeron que era bonito pero que no valía tanto la pena como para pagar 30 dólares (más el tuktuk que te lleve allí).

Es por eso que hemos ido a Pidurangala, que solo vale 1000 NKR. Pidurangala es un templo budista, por lo que es necesario taparse hasta las rodillas e ir descalzos… Almenos los 5 primeros minutos.

Después de cruzar el templo y subir peldaños durante unos 15-20 minutos, llegamos al mirador. No es una excursión larga, pero en la parte final hay que escalar un poco entre rocas, así que fue divertido.

Sigiriya desde Pidurangala

Estuvimos un rato solos contemplando la piedra y sus vistas (espectaculares, por cierto), pero después ya llegaron familias. Nos sentimos famosos durante un rato porque todos querían tomarse fotos con nosotros (y la piedra era lo de menos).

Dos más de la familia

La bajada ya fue más fácil y ya rápido cogimos el tuktuk que nos esperaba en la puerta.

Paramos en otros miradores y nos acompañó al Prince herbal & Spice Garden, donde un chico nos explicó todas las hierbas, plantas y sus remedios… e ¡incluso nos dieron un masaje a cabeza, manos y pies! para probar las cremas y aceites que venden. ¡Salimos como nuevos! ¡Ojalá pudiéramos comprarlos todos! Nos han dado un panfleto con todas las cremas y productos y para qué sirven.. por si volvemos a casa y ya se han decidido a montar una tienda online.

Probamos cúrcuma, la planta de la canela (que es original de Sri Lanka), olimos vainilla (que resulta que la abeja que la polinizaba se ha extinguido y ahora lo tienen que hacer los humanos)…

Fue un día de lo más interesante.

Además, podemos decir que nos encanta la fruta de aquí, incluso la papaya que siempre nos había parecido vómito. Ah, y Sergi probó la piña y también le gustó.

Volvimos a ver la puesta de sol, aunque esta vez andando y acompañamos a una chica francesa, Katin, que también se hospeda con nosotros y también es majísima.

El resto del día de tranquis, en la piscina, tomando el sol, charlando con Anya, Katin y la alemana… ¡La buena vida!

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