29 de abril de 2022.
Hoy salimos pronto de la guest house para irnos al aeropuerto y ¡qué estrés! Ningún Uber nos quería llevar al aeropuerto y nuestra desesperación era tal que tuvimos que sacar dinero del cajero, por última vez, para tomar un taxi y una vez allí, colas infinitas para entrar, hacer el check-in, pasar el control…
Una vez en el avión nos dieron comida y entablamos conversación con un hombre de Katmandú que había ido a una boda en India.
Normalmente cuando pensamos en India o Nepal, nos viene a la cabeza pobreza pero todo el mundo que conocemos es rico y hablan muy bien el inglés (incluso entre ellos)… Pero todo tiene una explicación y es que solo los ricos se pueden permitir volar en avión, o ir a escuelas internacionales.
Cuando aterrizamos en Katmandú, las temperaturas eran bajas y aprovechamos para comprar la tarjeta de la compañía Ncell por unos 10 euros con 2gb de internet (por día).
Eso nos ayudó a saber los precios orientativos del taxi e intentar pillar Uber, aunque aquí no funciona. Nos hospedamos en el hotel Trekkers home.
De momento, Katmandú nos encanta. Es como la India pero limpia y tranquila.
Al salir un rato por la tarde, empezó a llover a saco y tuvimos que correr para refugiarnos debajo un cobertijo, así que decidimos entrar en un bar justo enfrente, Rosemary café, y tomarnos un zumito y pronto cenamos ensaladas en el Always happy food company.