16 de abril de 2022
Una de las cosas más destacadas de un viaje a la Índia es el crematorio de los cadáveres cerca del Ganges y el ritual para despedir a esos seres queridos.
Hoy nos despertamos pronto e incluso así, a las ocho de la mañana, a 30 y algo grados, tomamos un café con el aire acondicionado y andamos hasta las calles turísticas.
Ya no podíamos más del calor, así que paramos al Shree bar y desayunamos ligerito para después, andar a los ghats. Hay muchos, pero el más conocido y donde se realizan los crematorios es el Manikarnika, en el que no se pueden tomar fotos (a no ser que tengas un permiso especial).

Solo llegar allí, se ven tiendas que venden leña y la temperatura empieza a subir. Allí también se encuentra el fuego de Shiva, el cual lleva encendido miles de años.
Cuando llegamos, vimos dos cuerpos quemándose, dos preparándolos (y también observamos cómo los encendían) y unos tres o cuatro más que llegaron por la calle tapados. ¡Y solo en 10 minutos!, porque para ser sinceros, entre el calor y el impacto que produce, no nos quisimos quedar mucho más.
Al día queman unos 200 cuerpos y si las familias no disponen de dinero, los tiran directamente al río (donde los puedes encontrar mientras te bañas). Eso sí, los aghori, una secta que practica el canibalismo y viven en la otra orilla del río se los comen, sí, los cadáveres (entre otras cosas). Pudimos ver algunos practicando sus rituales.

Al cabo de un rato, andamos por las calles repletas de gente y caos porque, además de ser lo normal, el primer ministro estaba de visita en Varanasi y habían orquestas, mucho tráfico…, y volvimos al hostel a tumbarnos un rato y hablar con unos chicos majísimos en la terraza sobre Europa, viajes… Uno era de Goa, los otros habían vivido en España…
Salimos a comer a Terracota y la verdad es que lo recomendamos 100% porque, a parte de rico, estaba muy limpio y por la noche cenamos en el The Life House Café.