06 de abril de 2022.
Hoy día de tranquis. Salimos a tomar un café por la mañana y después nos encerramos en el hotel porque, a parte de que hacía muchísimo calor, teníamos que hacer tareas de ordenador.
Hace meses reservamos los vuelos para los próximos meses (no todos) y nos equivocamos al comprar el vuelo de salida de India porque llegamos el 31 de marzo, así que nuestro visado expira el 29 de abril y nosotros compramos el vuelo para el 30. Así que nada, contactamos con el Foreigners Regional Registration (después de unas cuantas llamadas anteriormente) y nos pidieron registrarnos en la página web frro y solicitar la extensión de un día por allí. No veáis la cantidad de documentos que tenemos que adjuntar ¡y en PDF!, así que tardamos tres horas en terminarlo. Ya de paso, aprovechamos para hacer la declaración de la renta y ale, como se dice en catalán: feina feta no fa estorb.
Como recompensa, bajamos a la piscinita a bañarnos un ratito y toda para nosotros. ¡Ni tan mal!

Por la tarde, cogimos un tuktuk para ir al centro de la ciudad y dar una vuelta por allí (teníamos que comprar ventolins y líquido de lentillas). ¡Qué tránsito y qué lio de coches! ¡Parece que no existan las normas de conducción!
Suerte que nos lo tomamos riendo pero a parte de estresante por no haber carriles, nos llevamos más de un susto.
Aprovechamos para andar por el bazar cerca del Hawa Majal (dentro de la ciudad rosa) y nos adentramos en calles no turísticas, donde vimos vacas y perros rebuscando comida en la basura, muchos monos sueltos… ¡Nos encanta esto de la Índia! Tú sales tan tranquilo a pasear y te encuentras todo tipo de situaciones para recordar.
Finalmente, cogimos otro tuktuk (después de regatear) y cenamos cerca del hotel, en el Laal Maas. A diferencia del pollo que te dan en los restaurantes indios de Cataluña, aquí te ponen alitas de pollo en vez de desmeluzarlo. Ah, y el paneer que parece tofu, en realidad es queso.