24 de febrero de 2022.
Por la mañana tardamos en salir del hotel y decidimos irnos hoy por la noche al Cairo porque es demasiado turístico y justamente, estos días me va mal bañarme en la playa.
Aún así, salimos a pasear por el pueblo y la verdad es que, aún siendo turista, por el día no hay vida. Con un poco de suerte encontrarás una o dos personas en la calle pero todas las demás están o en las playas o piscinas de los hoteles.
Andando y con el calor, paramos a comer a un restaurante y a pesar que estaba frente al mar, nos pareció económico. Comimos Moutaba que es un hummus pero de berenjena y falafel.
Después, como no podíamos ir a la playa, cogimos las maletas y fuimos al otro barrio de la ciudad.
Las distancias entre barrios son de quilómetros y tardas, mínimo, una hora así que con el calor y todo, pillamos un colectivo con los demás egipcios. Qué risa porque con las maletas, casi no entrábamos ni cabíamos en las sillas porque el techo es bajísimo y los asientos muy estrechos. Pagamos solo 12 libras entre los dos (aunque nos timaron pero por lo que es… No dijimos nada).
Una vez en el Old Market paseamos y vimos la mezquita de las fotos, que la verdad es que es preciosa.
Aida es un nombre egipcio y ya han intentado cambiarme por camellos pero Sergi no quiere. ¡Qué suerte la mía!
Total, que paseando este barrio tiene vida pero salimos a ver las playas y, como era por la carretera e íbamos cargados con mochilas todo el rato escuchábamos pip, pip, taxi. ¡Qué horror! ¡Qué pesados!
Así pues, cansados de los pitidos volvimos y tomamos un té y helado con unos camareros muy majos y atentos.
Pero aún así, las horas no pasaban y el bus salía a las 00.30 de la noche así que.. ¡Qué tarde más larga!
Paseamos mil veces por las calles, vimos camellos explotados por el turismo, y la verdad es que la ciudad tiene su encanto.
Más tarde, cenamos en el restaurante Marisen, el cual recomendamos en todos los aspectos. Eso sí, nosotros nos lo tomamos con muchísima calma para poder alargar nuestra estada en el restaurante y no tener que cargar mochilas ni pasar frío (estamos en el desierto así que las temperaturas bajan cuando baja el sol). Aún así, volvimos a tomar algo en la cafetería de la tarde que se encuentra en el centro.
Volvimos a pasear, vimos un espectáculo de dos chicos con fuego… Y fuimos a la estación de buses de Royssat.
Bueno, nos costó lo nuestro porque una furgo nos llevó a un cruce en el que teníamos que andar por carretera a oscuras… Y por suerte, esta vez, un taxi nos paró y nos llevó después de que Sergi regateara.
Una vez nos dejó en la estación de buses, resulta que el bus que va al Cairo no pasa por la estación Delta, sinó por otra que queda a 10 minutos andando.
Con el miedo y las prisas para no perderlo, andamos rapidísimo y una vez en la estación, no se tiene que aceptar nada de nadie porque te quieren vender y cobrar lo que sea.
Un chico pesadísimo intentando que tomaramos algo, el del bus que carga las maletas intentando cobrar por ponerlas en el maletero cuando se supone que va incluído.
Suerte que leímos blogs antes e ya íbamos mentalizados y sabíamos que podía pasar, pero por suerte, en nuestro billete pone que se puede llevar el equipaje sin precio extra, así que… Nos salimos con la nuestra.