142. Sharm el Seikh

23 de febrero de 2022.

¡Hola hola pepsicola! (Así es como nos saludan los egipcios de Sharm el Seikh cuando les decimos de donde somos).

Pues ya estamos aquí. Llegamos a las 3 de la madrugada. Aquí es una hora menos que en España y una más que en Turquía.

Llegamos al aeropuerto de Sharm el Seikh (mismo nombre que la ciudad), que se encuentra al sur del Monte Sinaí (conocido en la religión y pueblo que fue, según la Bíblia, donde Moisés recibió la tabla con los 10 mandamientos).

En el aeropuerto tuvimos que rellenar papeles de Covid y tal (como de costumbre) y, como tenemos que salir de la península para ir al Cairo, tenemos que sacarnos un visado.

Si lo haces online, tarda unos 5 días así que decidimos hacerlo en el aeropuerto. Total, es cuestión de sacarte dinero porque lo único que te piden es pasaporte y 25 dólares.

  • Pues qué bien porque no tenemos dólares, señores.

Como el cajero no funcionaba decidimos pagar en euros (el euro tiene un valor más alto que el dólar) y en una de las empresas que gestionan visados, nos dijeron que les diéramos 25 euros y que nos darían cambio (60 libras egipcias). Total que como ya habíamos leído que cuidadín, que la gente te quiere sacar dinero, revisamos con nuestra aplicación de cambios de divisa y nos daban menos dinero y, por tanto, nos estaban timando.

Como le protestamos, nos dijo que nos fuéramos y el de al lado nos dijo que nos cobraba 23 euros y el cambio nos lo daba con libras egipcias. Estos nos dieron mejor cambio.

Justo allí en el aeropuerto conocimos a dos chilenos mayores y estuvimos hablando durante un montón de rato porque andaban un poco perdidos. ¡Muy graciosos, la verdad!

Compramos 23 GB de datos porque, si pides wifi en los hoteles, tienes que pagar 4 dólares por día y por 15 dólares, mejor tener nuestra tarjeta de datos. Además que conectarte al wifi de las ciudades es un pelín peligroso porque dicen que te pueden robar tus datos personales.

Ah, y los controles de seguridad de aquí son un cachondeo porque a algunos les registran y otros pagan para que sus maletas no pasen por el control. Curioso, ¿no? No sé por qué será…

Esperamos a que se hiciera de día, al no conocer la ciudad.

A las 8 o así fuimos a coger un taxi (no un transfer privado que vale el doble) y sabíamos que 300 libras por el trayecto hasta el hotel eran demasiado pero con el agotamiento, aceptamos pagar.

En el hotel, Cataracta Resort en Naama Bay, nos dejaron hacer el check-in e instalarnos muucho antes de lo previsto, así que nos acostamos un rato y al levantarnos, fuimos a tomar un café y a la playa privada del hotel.

¡Qué gusto estar en la playa sin hacer nada, solo contemplando la vida pasar!

¡Nos bañamos en el mar Rojo y vimos peces rayados! Las playas están llenas de rusos y todos nos hablan en italiano.

Al cabo de un rato, volvimos al hotel, descansamos y cuando el sol había bajado un poco, salimos otra vez a pasear por las calles.

La gente de aquí te intentan vender como sea. Un chico nos dijo que por favor, entráramos en su tienda a firmarle una libreta porque trae buena suerte.

Como yo no sé decir que no, así hicimos y tomamos té beduino, nos enseñó cómo ambientar la casa con perfumes naturales… Y obviamente, nos intentó vender cosas.

Seguimos paseando y es una ciudad tan preparada para el turista (ruso, sobretodo) pero a la vez tan guai y caro, que nos recordó a las Phiphi Islands de Tailandia.

Seguimos paseando, evitando las tiendas cuyos vendedores ya les hemos dicho excusas para no pararnos hasta cenar e volver al hotel a descansar.

La ciudad, de noche, es bonita, con miles de luces e incluso hay la discoteca Pacha, para pachar el rato😂.

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