11 de febrero de 2022.
Hoy fuimos a Pammukale, donde se encuentan los travertinos y Hierápolis.
Cogimos un dolmus desde el piso de abajo de la estación de buses (la verdad es que las conexiones entre ciudades es impresionante) y tardamos unos 20 minutos. El transporte es muy económico aquí, solo 7 liras/persona.
Una vez allí, andamos a la puerta sur, donde compramos las entradas que valían 110 liras/persona.
Lo más gracioso fue que nos tuvimos que descalzar para poder andar por allí.
Los travertinos son formaciones de un material como calcio y tiza, al que le llaman castillo de algodón por ser blanco y su forma característica, aunque os puedo asegurar que es durísimo y entre el frío y lo duro que estaba, ¡qué dolor de pies!



Aún así, es precioso (el blanco, las piscinas…) y las vistas del fondo, con montañas a lo lejos y un lago justo enfrente.
Por suerte, hay piscinas donde puedes poner los pies (algunas frías y la de arriba del todo caliente), cosa que fue muy agradable. Además, al ser temporada baja no había mucha gente, así que fue tranquilo.
Después de un rato, fuimos a ver las runas de Hierápolis. La ciudad, en su época debía ser enorme porque de una runa a otra había muchísima distancia.
Lo más impresionante es el anfiteatro, aunque también visitamos otras.
Salimos por la misma puerta y fuimos a comer Giç Köfte (un plato vegetariano buenísimo, que ellos comen como tentempié) y esperamos a coger el otro dolmus para volver a Denizli.
Paseamos un poco por la ciudad y cenamos temprano porque cogíamos un bus nocturno.
Ah, y compramos baklavas por el camino, en uno de los mejores sitios que hemos comprado llamado Doryuan Sicak Firin.
El bus lo cogimos con Isparta. La verdad es que hay muchas companías diferentes y lo puedes comprar en la misma estación (aunque con un poco de antelación). Nos costó 120 liras/pers., aunque había muy poco espacio entre sillones.