04 de febrero de 2022.
¡Hoy vimos a Onat!
Nos levantamos, desayunamos y, aunque parezca increíble, estaba soleado, así que paseamos cerca de las mezquitas a las que ya habíamos ido y andamos al otro lado del río para ir al barrio Beyoglu.
Como hacía frío y necesitábamos internet, entramos en el Coffee&books, una cafetería muy cuqui que encuentras justo al cruzar el río y fuimos a comprar pantalones (los cuales necesitábamos urgentemente después de haber roto mis tejanos en Argentina). Los compramos en Defacto, una cadena con miles de tiendas en Turquía. Justo por eso tuvimos problemas al encontrarnos con Onat porque él estaba en una tienda y nosotros en otra.
Onat fue mi compañero de casa cuando vivíamos en Bournemouth,(en el sur de Inglaterra) con nuestra anfitriona Margarett. ¡Me hizo muchísima ilusión porque hacía 9 años que no nos veíamos!

Él nos llevó a una cafetería del centro donde comimos un pastel de chocolate con castañas buenísimo y nos pusimos al día. Tiene una empresa que vende productos artesanales por Etsy y está viviendo en Teirkdag (en la costa, a dos horas de Istanbul).
Nos comentaba que el sueldo mínimo aquí es de unos 320 euros y un alquiler, en Istanbul, te puede valer unos 160.
Después cogimos un funicular que nos llevó del centro al muelle. ¡Por fin usamos la Istanbulkart! y un ferry para cruzar al lado asiático.
Nosotros nos pensábamos que el lado asiático sería más tradicional, ¡pero qué va!
Muchísimos restaurantes y edificios modernos, con muchísima gente joven. Recorrimos sus calles, tomamos un té viendo la puesta de sol, probamos una pasta roja untada en lechuga buenísima… Y como se habían hecho las 8 y hacía mucho frío, Sergi y yo decidimos ir de vuelta con el ferry a la parte europea, para estar más cerca del hotel. Normalmente, los restaurantes cierran a las 8-9 (al menos en invierno), así que de chiripa encontramos el Neslihan abierto y comimos allí otra vez.
Después, fuimos a dos cuadras del hotel a hacer una cachimba (Lady Killer) a un bar universitario y probamos la Boza (bebida típica del barrio, cuyo sabor se parece al de arroz con leche y canela). ¡Recomendadísima! ¡Todo el mundo hace colas para comprar vasos de esos en la calle!