27 de enero de 2022.
¿Sabéis de esos días que empiezan mal (muy, muy mal) y terminan siendo muy graciosos? Pues así fue.
Llegamos a las 2 de la madrugada, cansados y no teníamos dónde dormir porque aquí los hostels no son 24 horas… Así que decidimos dormir en el aeropuerto y esperar a que se hiciera de día para ir al hostel.
Dormir en el aeropuerto… , no dormimos porque hacía frío, no cogíamos la postura… Pero pasó rápido.
Decidimos coger transporte público para llegar a Palermo, un barrio turístico y seguro de Buenos Aires. Como llegamos a Ezeiza, queda a una hora del centro.
Compramos una tarjeta del Sube, el transporte público de la ciudad y la verdad es que es baratísimo y súper bien conectado todo, con muchísimos buses a todas horas.
Cogimos el bus semi-rápido con lo cual tardamos una hora y algo en llegar. Una vez en el Play Hostel Arcos… ¡Empieza lo bueno! No encontrábamos mi pasaporte… ¡A dos días de irnos!, ¡sin dormir!, ¡sin desayunar!
Ya os podéis imaginar la situación de nervios y estrés… Pensar en lo que debíamos hacer, qué hacer si no lo encontrábamos, llamar por teléfono a todos los aeropuertos donde habíamos estado y que nadie te cogiera el teléfono. ¡Desesperante!
Pero primero a desayunar. El pasaporte puede esperar. Es muy importante, sí, pero las necesidades físicas básicas incluyen comer.. así que fuimos a Milanga&co y tomamos fuerzas.
Después volvimos a hacer TODO el mismo trayecto.. es decir, otra hora y media para llegar al aeropuerto… Y una vez allí, nos mandaron de un lado a otro, preguntando a todos y nadie sabía nada.
Nos dijeron de ir a Hallazgos, un barracón de objetos perdidos y justo antes, entramos donde la policía aeroportuaria y las chicas llamaron a hallazgos y… ¡Sorpresa! ¡Lo encontraron en el avión! Ya podrían haber avisado… Para evitar esos nervios, pero lo importante es que lo recuperé.
Y volvimos a tomar el bus y el subte para regresar al hostel y decidir qué haríamos.
Paseamos por Palermo, con sus calles pintorescas y llenas de bares y restaurantes de todo tipo, tomamos algo.. y fuimos a cenar ramen.
¡Ah!, y encontramos los alfajores del Capitán del espacio, muy recomendados por todos los argentinos así que no nos pudimos resistir a comprarlos. ¡Qué económico es todo en capital!