51. Otavalo.

23 de noviembre de 2021.

Queríamos salir de Quito, y el día anterior estuvimos mirando opciones y, finalmente, nos decidimos por visitar Otavalo. Primero, pero, tomamos un té de coca, medicina natural para el mal de altura y recomendada por los locales y expertos en el tema.

Salimos del hostel, directamente, a coger el autobús que nos llevaría del centro hasta la terminal de Carcelén. El trayecto nos llevó una hora y un poco más, ya que el hubo mucho tráfico y muchas paradas por el camino .

Al llegar a la terminal, compramos los billetes y desayunamos algo rápido mientas esperábamos el bus que nos llevó hasta Otavalo. En el bus, el conductor nos puso Netflix y con razón…el trayecto duró como unas dos horas y media.

Una vez en Otavalo, teníamos claro dónde queríamos ir: a la cascada del Peguche. Para llegar, puedes ir andando, aunque está lejos de la terminal, o coger otro autobús. Nosotros cansados de tantas horas sentados, fuimos a pie.

Una buena caminata y llegamos a un sendero, que te adentra a un bosque y, de la nada, nos encontramos con unas casitas indígenas. Estaban de pasada por el sendero, así que seguimos el camino.

Unos 10 minutos después, encontramos un puente colgante. Tienes opción de cruzar o seguir el camino, pues los dos dirigen al mismo sitio. Nosotros seguimos el el camino y volvimos a encontrar con un asentamiento.

Más adelante, encontramos un hombre indígena que nos invitó a conocer un poco la historia de los Quichua, su cultura, sus creencias… Muy interesante, ¡incluso estuvimos aprendiendo un poco de Quichua con él!

Después, con ayuda de una vela para iluminarnos, entramos en un túnel dentro de la montaña, donde había un altar indígena, varias herramientas y piedras que usaban antiguamente los Quichua. Salimos del túnel escalando un poco, con ayuda de cuerdas y… otro sendero corto. Llegamos a la primera y segunda cascadas, las estuvimos observando un poco, nos hicimos unas fotos y seguimos perdidos por el bosque hasta salir de él. Durante unas horas, estuvimos muy tranquilos, con solo el ruido de la cascada y del bosque.

De vuelta a Otavalo, visitamos el mercado de los ponchos, un sitio muy turístico y, como no era fin de semana muy tranquilo. Estuvimos dando un vueltecita por la ciudad y de vuelta a la terminal a coger el autobús de vuelta a Quito. Llegamos agotados, así que ni cenamos, un poco de fruta y directos a dormir.

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