3 de noviembre de 2021.
El miércoles no hicimos gran cosa. Vamos a ser sinceros, después de no parar durante semanas y viendo que el día estaba lluvioso, no teníamos muchas ganas de movernos. Como ya dijimos, Costa Rica era para relajarnos (y no gastar mucho) y así fue nuestro día.
No hay mucha cosa que explicar, salimos a tomar un café y a dar una vuelta por Quepos. No es que sea muy grande, pero lo teníamos que averiguar.
Tomando el café, la lluvia nos quiso dar un respiro, así que nos acercamos al pequeño barrio de pescadores donde tienes que cruzar con una lanchita para llegar al otro lado y así, adentrarse en el barrio.
Paseando por allí, todo lleno de casas hechas con una mezcla de madera y chapas de metal y con las calles de tierra, nos dirigimos a la playa. Palmeras, cocos, troncos flotando por el mar….y no, no era arena blanca pero era una playa con su encanto, diferente a lo que solemos tener.
Después de estar como una hora paseando, el tiempo cambió: el cielo se oscureció, el viento empezó a soplar y el mar empezó a crear olas que con los minutos seguían creciendo. Ese fue el momento de dar media vuelta y dirigirnos de nuevo al centro.
Al llegar, nos dirigimos al súper para comprar la cena, andamos al hostal y, por suerte, estando allá empezó otra vez a llover y no nos movimos más.
Lo que quedaba de tarde nos la pasamos hablando con nuestro nuevo amigo Glenio, un Brasileño que se hospeda con nosotros.
Al caer la tarde-noche, a las 19h, por así decirlo, hicimos la cena y a dormir que mañana…