30. San José – Quepos

2 de noviembre de 2021.

¡Holii, holii desde Costa Rica!
El martes llegamos a San José por la mañana después de pasar la noche en el aeropuerto y la verdad es que incluso los de control de pasaporte fueron amables con nosotros, preguntándonos sobre nuestros planes de viaje, dónde habíamos estado… ¡Pura vida!
Al salir, entramos a la terminal de salidas para usar el cajero automático y nuestra sorpresa fue cuando ¡no nos cobraron ni comisión! Increíble, ¿verdad? En Guatemala nos cobraron 4 dólares cada vez que sacábamos y Costa Rica con lo caro que dicen que es…
Cogimos el bus para llegar a San José, capital de Costa Rica porque el aeropuerto donde llegamos, aunque sea el internacional, se encuentra en Alajuela. ¡Qué alegría cuando subimos al bus y no nos quisieron cobrar de más por ser extranjeros! Pura vida.
Al bajar, lluvia, de esas que parece que no mojan y en nada estás empapado.
Como Sergi tiene una faceta de meteorólogo (es hombre de mar), supo que debíamos ponerlos los ponchos impermeables e incluso cubrir las mochilas con su funda. ¡Qué bien! ¡Después de más de 3 años con la misma mochila y todavía no la había ni estrenado!
Paramos a desayunar y tampoco nos pareció tan caro por ser la capital, y cogimos el bus en su terminal (porque aquí, según el pueblo/ciudad a la que vas, tienes que coger un bus de una u otra compañía y debes dirigirte a su terminal).
En nuestro caso, tomamos Tracopa para ir de San José a Quepos, una pequeña ciudad cerca del Parque Nacional Manuel Antonio, en la parte del Pacífico.
Unas par de horitas que, para variar, me las pasé durmiendo, así que vi unos paisajes uf.. impresionantes.
Una vez en Quepos, buscamos la dirección del alojamiento y no la encontrábamos y cansados, con hambre y con las mochilas, pedimos ayuda a una mujer y un joven que tiene una pizzeria, el cual nos dejó conectar al wi-fi y encontrar la localización. Esta vez, escogimos Airbnb porque nos salía más económico y estaba cerca de la estación de buses.
Nos recibió el hijo de Maday y nos enseñó la habitación y es un piso muy cuqui.
Fuimos a comer casado (plato típico que incluye un poco de arroz, fríjoles, lechuga y carne o huevo), a las 4 de la tarde, que la gente debía pensar que cenábamos. Allí conocimos una española que esperaba un bus para Uvita.
Como estábamos agotados y había tormenta, volvimos rápido a la casa, conocimos los anfitriones y los demás hospedados y mantuvimos una agradable conversación.

El martes llegamos a San José por la mañana después de pasar la noche en el aeropuerto y la verdad es que incluso los de control de pasaporte fueron amables con nosotros, preguntándonos sobre nuestros planes de viaje, dónde habíamos estado… ¡Pura vida!

Al salir, entramos a la terminal de salidas para usar el cajero automático y nuestra sorpresa fue cuando ¡no nos cobraron ni comisión! Increíble, ¿verdad? En Guatemala nos cobraron 4 dólares cada vez que sacábamos y Costa Rica con lo caro que dicen que es…

Cogimos el bus para llegar a San José, capital de Costa Rica porque el aeropuerto donde llegamos, aunque sea el internacional, se encuentra en Alajuela. ¡Qué alegría cuando subimos al bus y no nos quisieron cobrar de más por ser extranjeros! Pura vida.

Al bajar, lluvia, de esas que parece que no mojan y en nada estás empapado. Como Sergi tiene una faceta de meteorólogo (es hombre de mar), supo que debíamos ponerlos los ponchos impermeables e incluso cubrir las mochilas con su funda. ¡Qué bien! ¡Después de más de 3 años con la misma mochila y todavía no la había ni estrenado!

Paramos a desayunar y tampoco nos pareció tan caro por ser la capital, y cogimos el bus en su terminal (porque aquí, según el pueblo/ciudad a la que vas, tienes que coger un bus de una u otra compañía y debes dirigirte a su terminal).

En nuestro caso, tomamos Tracopa para ir de San José a Quepos, una pequeña ciudad cerca del Parque Nacional Manuel Antonio, en la parte del Pacífico.

Unas par de horitas que, para variar, me las pasé durmiendo, así que vi unos paisajes uf.. impresionantes.

Una vez en Quepos, buscamos la dirección del alojamiento y no la encontrábamos y cansados, con hambre y con las mochilas, pedimos ayuda a una mujer y un joven que tiene una pizzeria, el cual nos dejó conectar al wi-fi y encontrar la localización. Esta vez, escogimos Airbnb porque nos salía más económico y estaba cerca de la estación de buses.

Nos recibió el hijo de Maday y nos enseñó la habitación y es un piso muy cuqui.
Fuimos a comer casado (plato típico que incluye un poco de arroz, fríjoles, lechuga y carne o huevo), a las 4 de la tarde, que la gente debía pensar que cenábamos. Allí conocimos una española que esperaba un bus para Uvita.
Como estábamos agotados y había tormenta, volvimos rápido a la casa, conocimos los anfitriones y los demás hospedados y mantuvimos una agradable conversación.

Deja un comentario