22 de octubre.
Ayer cogimos el bus de Cobán a Lanquín a las 12 del mediodía. No veáis la faena que tuvimos para encontrar el punto de salida de los minibuses. Primero fuimos a la estación de buses y no era allí, sinó girando en la rotonda que habíamos pasado y tirando cuatro calles atrás.
Cuando por fin llegamos, compramos los tickets y subimos. Nuestra sorpresa fue que encontramos a la misma pareja que estaba en nuestro hostel y hablaban francés.
El camino fue maravilloso. En las dos horas de carretera tuvimos unas vistas increíbles, todo verde: montañas, árboles, palmeras…
Además era muy entretenido porque de vez en cuando unos muchachos se subían a las escaleras de detrás del bus, hicimos paradas y veíamos como muchísima gente iba detrás los 4×4…
Cuando llegamos, fuimos paseando por Lanquín (solo es una calle) y un muchachó nos asesoró donde comer, aunque se les había terminado así que fuimos a la tienda de al lado.
La tienda tenía un comedor, que creemos que es parte de su casa con una mesa enorme y ofrecen comida. Pedimos unos tamales de carne que estaban riquísimos. Además, desde el comedor veíamos la vegetación y todo era verde.
Nuestra sorpresa fue que, cuando fuimos a pagar, nos costaron los dos tamales un euro y nos sentimos mal así que les dimos un poco más del 10% de propina que se ofrece al servicio.
Las chicas que nos sirvieron tenían vergüenza de hablar español o de que les dijeramos que la comida estaba muy rica
Como hacía mucho calor fuimos al Hostel Oasis, que según nos comentó el muchacho, pertenece a la misma casa y el charter gratuito para llevarnos a nuestro hostel también salía de allí.
Fue amor a primera vista. Recepcionistas muy agradables, cabañas monísimas, vistas al río, hamacas para descansar, shuttles hasta Flores organizados por ellos y más baratos que por agencias… Así que mientras esperábamos, deseamos quedarnos allí en lugar de ir al otro aunque el otro estuviese al lado del Semuc Champey.. pero no tenía el electricidad, ni agua caliente ni wifi.
Así que mientras esperábamos al charter que no llegaba, pedimos quedarnos en ese hostel y nos lo concedieron. Rápido nos instalamos y cenamos.. comida muy rica pero nada de típica de Guatemala.
Y así pasamos el rato, descansando, disfrutando de ver la vida pasar, desconectando…