12 de octubre de 2021.
Ayer fue un día movidito y de ir de un sitio a otro. Nos despedimos de Masqué en la parada de buses, muy agradecidos por el trato recibido y hospedaje.
Fuimos a desayunar al lado de la parada de buses y, mientras esperábamos a nuestro autobús para partir, conocimos a un chico de Estados Unidos muy majo, el cual está viajando por suramérica. Quién sabe, quizás nos volvamos a encontrar.
Volvimos a viajar con Primerabus, con los asientos cómodos y, esta vez ya parecíamos expertos porque nos habíamos descargado capítulos de series de Netflix y así estar entretenidos durante todo el viaje. Yo, para variar, me lo pasé mayoritariamente durmiendo.
Una vez en México, después de 5 horas de viaje, comimos tortas en la estación de buses y cogimos el metro dirección al aeropuerto. El metro era la opción más rápida y barata. Curiosamente, en las paradas había una sección que decía mujeres y niños exclusivamente. Me quedé un poco preocupada cuando subí al vagón y me encontré sola rodeada de chicos pero en la siguiente parada subieron más mujeres así que keep calm.
En el aeropuerto chequearon a saco todas mis pertenencias, como a los del documental sobre tráfico de drogas que Sergi unos días antes había visto.
Una vez me dejaron pasar, fuimos a pasear por allí y ¡qué calor!
En el embarque, había una mujer muy estúpida que empujó a Sergi. Justamente esa nos tocó al lado y al aterrizar, la tía ni se esperó a que salieramos, sinó que paso por encima nuestro mientras estábamos sentados. (Total, para que luego saliera del aeropuerto más tarde).
Para ir a nuestro alojamiento, cogimos un taxi y, aunque al principio no hablara, le pregunté sobre los habitantes de Chiapa del Corzo y nos contó muchísimo.
Cuando nos dejó, resulto no ser el hotel indicado pero sí uno de la misma famlia así que nos quedamos aquí por dos noches. Los chicos de recepción muy amables y atentos.