5 de octubre de 2021.
Hemos hecho escala de 4 horas en Bogotá y hemos tenido que pasar otra vez los controles de seguridad. A parte de estar con los móviles enviando y recibiendo mensajes que ayer (por la caída de las redes sociales), hemos tenido tiempo de tomar un café, hacer vídeollamadas…
El café del aeropuerto estaba muy rico y no le he tirado ni azúcar (Carlos Ríos estaría orgulloso de mí), que ya es decir.
Cuando estábamos embarcando, hemos tenido un momento de estrés porque las azafatas nos han prohibido subir al avión sin haber rellenado un formulario con Vuela Seguro que te proporciona un código QR y te sirve para entrar. Hemos de tener en cuenta que éramos de los últimos en embarcar y que cuando nos han avisado, nos hemos puesto tan nerviosos que yo incluso temblaba. Por suerte y después de las amenazas de no subir al avión, lo he conseguido aunque a Sergi solo le daba error y al final le han dicho que con pantallazos ya había suficiente y que no era su culpa.
Una vez en el avión, hemos comido, dormido… Por cierto, ahora con las medidas Covid se come por turnos y he tenido que ver como Sergi y la chica de mi lado comían mientras yo, que estaba hambrienta, estaba a dos velas.
Al llegar al aeropuerto de México, hemos pasado el control de pasaportes y luego, hemos sacado dinero del banco. Había una caja BBVA que por sacar te cobraban mucho como comisión pero hemos encontrado otro que, después de muchos intentos, nos cobró menos. Ah y para conseguir un billete de autobús hemos tenido que recorrer todo el aeropuerto ya que no daban cambio.
México es enorme. Desde el avión solo se ven edificios y en el trayecto del aeropuerto al hotel hemos podido ver edificios de todo tipo, edificios tristes y edificios coloridos… con muchos graffitis en las paredes.
Una vez en el hotel, hemos reído mucho porque las fotos no se parecían en nada a la habitación que nos ha tocado y, por dos euros más, hemos conseguido una mejor en el mismo hotel. Estamos en el centro, justo al lado de una parada de bus y muy cerca del Zócalo.
Después de descansar, hemos paseado un poco por el Zócalo (que viene a ser la zona turística y comercial), una de las plazas más grandes del mundo, la iglesia de San Francisco de Asís (yaya si lees esto he puesto una vela por tí), hemos visto una manifestación de los indígenas delante el Palacio de las Bellas Artes para conseguir seguridad en Oaxaca y hemos conocido un rapero que hace trucos de magia.
Ah y por último, a las 17:30 de nuestra tarde, hemos comido tacos en Tacos la Canasta, los Especiales, uno de los sitios populares en la zona y muy, muy baratos.
Y ahora, vamos a dormir que eso del Jetlag nos está pasando factura.

